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viernes, 3 de mayo de 2013

Wembley y Santiago Bernabéu, territorios sagrados


Tal y como dijo Mourinho en 2010 sobre la ansiada final del Bernabéu por el 'Pep team': "Es una obsesión". Ahora se le podría aplicar esto mismo a su equipo, en el que la Décima dejó de ser una ilusión para convertirse en una obsesión.

Ahora el Borussia Dortmund escenificó el mismo papel que protagonizó su Inter en aquella ocasión: un histórico venido a menos que tras muchos años de sequía sueña con volver a los más alto. Madrid ahora, y Barça en aquel entonces, eran los grandes favoritos por trayectoria y jugadores, pero el Dios del fútbol no quiso permitir la posibilidad de profanar dos estadios sagrados para dos religiones opuestas: Wembley Stadium y el Santiago Bernabéu, respectivamente.


La Décima en Wembley hubiese significado una bofetada simbólica de dimensiones estratosféricas: la cuna del Barça vanguardista y "triomfant", el estadio fetiche del barcelonismo donde se inició y cerró el círculo virtuoso, el estadio dónde Abidal levantó la cuarta Champions League profanado por la cumbre del madridismo: La Décima (y a las órdenes de Mou), demasié.

En 2010 la bofetada hubiese sido incluso más potente: el mejor equipo de la historia coronando su obra con la cuarta Champions League, la segunda consecutiva, y en el estadio prohibido, la casa del eterno rival (y a las órdenes de Guardiola). Nadie de la capital quería experimentar una marea blaugrana en su ciudad celebrando la mejor obra maestra jamás contada, por la tele ya tenían suficiente.

El Dios del fútbol puso límites a dos hazañas prohibidas, y tanto el socio culé (en 2010) como el madridista (en 2013) vivieron las mismas sensaciones. En la previa del partido la euforia era máxima, nunca antes se había visto así de excitados a los aficionados de ambos equipos antes de una posible remontada, la sensaciones eran idóneas para conseguirlo pero al final se llevaron la misma desilusión tras tocar con los dedos la finalísima de la competición de clubes más prestigiosa e importante del mundo.


















 Habrá que esperar para otra ocasión.


La final del Bernabéu

Misma eliminación, sensaciones distintas