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lunes, 10 de junio de 2013

L'Abi del Barça

Tras el fin de ciclo de Sir Alex Ferguson,  tras la vuelta de Mou al Chelsea y tras la presentación de Neymar con el Barça, la despedida de Abidal ha sido lo más sonado de este 2013, tras su adiós el 7-0 se ha quedado en anécdota.

Todo aficionado culé vivió con intensidad la despedida de Abi en el Camp Nou, incluso los que querían su marcha, porque también los hay. Fue un momento sentimental en el que nadie pudo reprimir una lagrimilla, aunque intentáramos fingir que una legaña nos entró en el ojo, aunque todos quisiéramos disimular la emoción, todos estábamos con el corazón en un puño, interconectados, porque Abidal es mucho más que un jugador de fútbol, representa valores que traspasan la pantalla del televisor, valores que conmueven, valores de verdad.

Abidal, a partir de su segundo año de blaugrana, con la llegada de Guardiola, nos sorprendió a todos con un nivel espectacular, superando todas las expectativas creadas, un nivel de juego que fue "in crescendo" a medida que pasaban los años mientras los títulos se amontonaban, uno detrás de otro. En 2011 tuvo su primera recaída de su grave enfermedad, y ahí nos dio su primera lección al acabar la temporada jugando los 90 minutos de la final de Wembley y levantando la Champions con el brazalete de capitán. Mágico.

Iniesta en el centro del campo, con la mirada fija, emocionado, a punto de derrumbarse y llorar. Abidal se despide de todos en un Camp Nou entregado y que castiga a la directiva con un fuerte abucheo por su negativa a renovar al mítico y eterno Abi del Barça.

Su alegria constante, su optimismo contagioso, su estricta mentalidad en el trabajo, su esfuerzo, su evolución, su lucha. Abidal es una lección de vida y dentro del vestuario era muy querido porque unía a sus compañeros, algo muy preciado en vestuarios de equipos de alto nivel donde cada uno va a la suya.

Aparte de ser un punto fuerte de unión, Abidal te garantizaba, mínimo, entre 15-20 partidos en una temporada repleta de retos deportivos, pero ya está decidido, Abidal se va, y a disgusto, porque él quería continuar jugando en el Barça.

"Mi lucha en el hospital fue por mi familia y por el club. Esperaba acabar mi carrera en el Barça".

Primero Bartomeu se descolgó con unas declaraciones a mitad de temporada diciendo que si Abidal jugaba un partido quedaba automaticamente renovado. Después, Sandro Rosell comunicó al crack francés la decisión final del club sin darle ninguna razón, simplemente le esgrimió que era una decisión profesional. Más tarde, en la rueda de prensa del adiós definitivo, Rosell le pasó la pregunta a Zubi, y este acabó mareando la perdiz para no decir nada. Lo que ahora sí se sabe es la votación entre técnicos, directivos y médicos para decidir si el crack francés estaba apto para seguir en el Barça, el resultado es obvio.

¿Así que todo el mundo se lava las manos? ¿Al final nadie le ha echado? Rosell hace lo mismo que hizo cuando denunció a la junta de Laporta: VOTO EN BLANCO.

El Barça está cambiando, cada vez se aleja más del 'Pep team' para transformarse en otro super-equipo, con otro sello, con otro estilo. Falta ver como gestionan a la cantera este verano, faltan por tomar importantes decisiones...



PD: Abidal y Keita ya se han ido, Mascherano (la otra "niñita" de Pep) es básico para Messi, así que de momento el defensa argentino se queda. Abidal, por su lado, no pierde el tiempo: "Me gustaría fichar por el Bayern. Guardiola conoce mi situación y le encantaría que formase parte de su equipo".

Força Abi

"Vamos a darle todo nuestro amor"

viernes, 3 de mayo de 2013

Wembley y Santiago Bernabéu, territorios sagrados


Tal y como dijo Mourinho en 2010 sobre la ansiada final del Bernabéu por el 'Pep team': "Es una obsesión". Ahora se le podría aplicar esto mismo a su equipo, en el que la Décima dejó de ser una ilusión para convertirse en una obsesión.

Ahora el Borussia Dortmund escenificó el mismo papel que protagonizó su Inter en aquella ocasión: un histórico venido a menos que tras muchos años de sequía sueña con volver a los más alto. Madrid ahora, y Barça en aquel entonces, eran los grandes favoritos por trayectoria y jugadores, pero el Dios del fútbol no quiso permitir la posibilidad de profanar dos estadios sagrados para dos religiones opuestas: Wembley Stadium y el Santiago Bernabéu, respectivamente.


La Décima en Wembley hubiese significado una bofetada simbólica de dimensiones estratosféricas: la cuna del Barça vanguardista y "triomfant", el estadio fetiche del barcelonismo donde se inició y cerró el círculo virtuoso, el estadio dónde Abidal levantó la cuarta Champions League profanado por la cumbre del madridismo: La Décima (y a las órdenes de Mou), demasié.

En 2010 la bofetada hubiese sido incluso más potente: el mejor equipo de la historia coronando su obra con la cuarta Champions League, la segunda consecutiva, y en el estadio prohibido, la casa del eterno rival (y a las órdenes de Guardiola). Nadie de la capital quería experimentar una marea blaugrana en su ciudad celebrando la mejor obra maestra jamás contada, por la tele ya tenían suficiente.

El Dios del fútbol puso límites a dos hazañas prohibidas, y tanto el socio culé (en 2010) como el madridista (en 2013) vivieron las mismas sensaciones. En la previa del partido la euforia era máxima, nunca antes se había visto así de excitados a los aficionados de ambos equipos antes de una posible remontada, la sensaciones eran idóneas para conseguirlo pero al final se llevaron la misma desilusión tras tocar con los dedos la finalísima de la competición de clubes más prestigiosa e importante del mundo.


















 Habrá que esperar para otra ocasión.


La final del Bernabéu

Misma eliminación, sensaciones distintas